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miércoles, 26 de mayo de 2010

Poemas a la amistad

Gaby


Gaby, de ojos mojados y destellantes
que la quieres tanto
que estas ahí con ella sin estar
y puedes volver a la realidad

Gaby, de pelo negro iluminado
que la
proteges de ningún mal
y la envuelves de vainilla
que ves a través de sus ojos
sin perderte

Gaby, llena de risas
que viste al rey y a la reina
cuando parecían enamorados de película

Gaby, que te convertiste en maga
y te pusiste su disfraz
para que ella pueda ser

Gaby, que la quieres tanto
que puedes mirar...
¿Donde estás?


Diana

Diana vive sola con su padre el Rey, en el palacio
no tienen súbditos y eso está bien
La reina es invisible
y les duele no poder tocarla
por eso han creído que no está

Diana, vive en la otra realidad
en el mismo espacio y tiempo
El rey ha preferido no molestarla
y no le ha preguntado nada

Diana, se pregunta
mo sería todo si ella fuera diferente
En el mismo tiempo y espacio
Si hubiera sido la niña de los ojos de papá
Si pudiera ver las cosas tal como no son
Como los demás

Diana, no recuerda
Y no se puede despegar
Las fotos se le borran de la cabeza
Por eso guarda la envoltura del caramelo
La pieza del rompecabezas
las pone en otro espacio y en otro tiempo
Y ahí están…

Diana, puede llorar
Puede tener miedo
como cualquier otra chica
pero prefiere soñar
y mirar…
todo el rato
como cualquier otra chica


Diana, no ha sido lastimada
O tal vez no lo recuerda
No puede despegarse de nada
Mucho menos de las risas
menos de cualquier otra chica

Diana, quiere tocar el piano
en el circo, en el palacio
para su papá
y para todos los ausentes
en el mismo espacio, en el mismo tiempo
pero quizás no puede
¿Quién pintará a todos los presentes?



Gracias Charly por las canciones...


jueves, 27 de agosto de 2009

El Fantasma de Canterville


!Que falta de respeto la de la Familia Otis!


El Fantasma de Canterville - Charly García

Yo era un hombre bueno
si hay alguien bueno en este lugar.
Pague todas mi deudas
pague mi oportunidad de amar.

Sin embargo estoy tirado,
y nadie se acuerda de mi
Paso a través de la gente
como el fantasma de Canterville.

Me han ofendido mucho
y nadie dio una explicación
Ay si pudiera matarlos
lo haría sin ningún temor.

Pero siempre fui un tonto
que creyó en la legalidad
Ahora que estoy afuera
ya se lo que es la libertad.

Ahora que puedo amarte, nena,
yo voy amarte de verdad
Mientras me quede aire
calor nunca te va a faltar.

Y jamas volveré a fijarme
en la cara de los demás
Esa careta idiota
que tira y tira para atrás.

He muerto muchas veces
acribillado en la ciudad
Pero es mejor ser muerto
que un numero que viene y va.

Y en mi tumba tengo discos
y cosas que no me hacen mal
Después de muerta nena,
vos me vendrás a visitar.
Después de muerta nena,
vos me vendrás a visitar


Charly, tu eres un hombre bueno, un hombre bueno de verdad...




lunes, 24 de agosto de 2009

Ahora que puedo amarte


Y en mi tumba tengo discos

y cosas que no me hacen mal.
Después de muerta, nena,
vos me vendrás a visitar.

El Fantasma de Canterville – Charly García


Me pongo el vestido negro que tanto le gustaba. Tomo un poco del maquillaje de su esposa para que mis mejillas tengan algo de color y para delinear mis blancos ojos. Me suelto el cabello y me le dibujo en frente pero él casi pasa a través de mí y yo me estremezco cuando siento como un rayo en el pecho el calor de su cuerpo. Así me asesina todos los días. Ojalá yo también pudiera asesianarlo con la misma alevosía. Pero él huele a flor de almendro y tiene el pelo castaño y unos hijos maravillosos que me dejan galletas de avellanas debajo de la cama. A veces me consuelo pensando que a lo mejor no me nota porque lleva encima problemas financieros, matrimoniales y prisa. Nunca he tratado de darle un escarmiento porque es él quien tiene que seguir viviendo en este mundo donde ya casi nadie se acuerda de sus muertos. Y él vuelve a pasar a través de mí sin detenerse cómo si no me reconociera en el viento. En la noche mientras él intenta conciliar el sueño yo toco su piano para que baje a buscarme y charlemos. Quiero pedirle perdón por haber destruido su auto nuevo. Pero cuando está oscuro me tiene miedo. Tendré que esperar a que se muera para que nos amemos de nuevo.


lunes, 1 de junio de 2009

¿Adónde vas?



Sueña un sueño despacito entre mis manos
hasta que por la ventana suba el sol.
Muchacha piel de rayón,
no corras más. Tu tiempo es hoy.

Luis Alberto Spinetta


Ya no era la misma. Vívia corriendo de un lado para el otro, enredándose el pelo, haciendo sonar sobre la banca sus dedos, pulseras y lápices. Apenas se despedía de sus amigos haciéndoles de la mano, a veces con un beso volado. Trataba de encontrarme con sus ojos pardos, pero me los escondía. Quería ver que llevaba en esa mochila que parecía pesarle tanto. No podía acercarme porque todo el tiempo ella estaba hablando, explicando, discutiendo. Había empezado a vestirse como señorita. De nuestros tiempos sólo llevaba sus zapatos azules.

El viejo programador había vuelto al cine del puerto y fui a verlo. Ese día la hallé allí, acurrucada, esperando a que la función comenzara. Me senté en la misma fila a una silla de ella. Me miró y me regaló un ademán de sonrisa. Traté de pronunciar su nombre por más de diez minutos pero no podía interrumpirla. Cuando estuve a punto de hacerlo las luces de la sala se apagaron del todo y ella se iluminó. La vi como antes, fresca y desbaratada. Solo que entonces era más chica y no tan pálida. Ahora que él había regresado ella, la antigua, también podía volver.

Y era buena señal verla entregada de nuevo a la causa. Se reía con lo que la gente decía cada vez que la anciana alemana le mostraba los pechos al productor de cine. Se dio cuenta que yo la miraba así que cambiaba la cara. Al final se cubrió los ojos como si eso fuera a cambiar las cosas para la mujer. Se puso la mochila sumamente despacio, se paró frente a mí y me miró como si me esperara. Yo me quedé sentado, malhumorado, escuchando los absurdos reproches que algunas personas le hacían a la película.

La alcancé en el escalón noventa. Me senté a su lado. Ella veía a la gente que pasaeaba.

—Es la primera vez que no huyes.
—Es hasta ahora que vuelves a hablarme.

No pude responderle nada, ella miraba las luces de la ciudad. Saqué un tabaco de mi bolsillo. De pronto me dijo "chao" y bajó las escalinatas de prisa. Se me perdió en la mitad del Malecón.

Al día siguiente estaba de nuevo rígida y ordenada, con las ojeras más marcadas que de costumbre. Fue la única que entregó la tarea de Historia de la crítica. Antes de que terminaran las clases le pasé una nota con el nombre de la película que pasaban esa noche. Ella se volteó, me miró a los ojos y con la cabeza me dijo que sí.

Llegué tarde para la función, y ella no había entrado. Estaba sentada en una de esas bancas que están casi junto al río. Me acerqué y empezó a recriminarme por la película que nos estábamos perdiendo.

—Ya cállate. Le dije desesperado.

Y ella se rió de mí. Me senté a su lado, la invité a que pusiera su cabeza sobre mi hombro.


—No puedo dormir.

Y le canté Más guapa que cualquiera. Bien sabe que podría ser una de ellas. La tomé de la mano y la saqué a bailar, se escuchaba de lejos a Los Iracundos. Puerto Mont, Si te acuerdas de mí, De los dos fue el mundo. Se vio dócil y se apartó de mí. Ya iba a recoger la bendita mochila, pero le dije que se quedara, que aún era temprano, que yo la acompañaba hasta a su casa, que allá no iba a poder dormir.

Sus ojos estaban rojos. Nos sentamos otra vez y se apoyó en mi hombro. Quiso contarme la causa de su insomnio, las cosas que tenía que hacer, pero la volví a callar y ella se dejó. Acaricié su rostro y le di un par de besos en su cerebro cansado. Se durmió enseguida y le canté otras canciones que nos gustaban a los dos. Esa noche nadie nos interrumpió.

El amanecer la sorprendió entre mis brazos. Por un rato largo no dijo palabra, y tampoco me miraba. Se restregó los ojos, agarró su mochila y me agradeció. Me enloqueció que no entendiera nada hasta cuando la volví a ver... llevaba puestos sus zapatos azules y su camiseta vieja de Charly García y ya no cargaba ninguna mochila.